
El esqueleto del gato, formado por un total de 230 huesos (si se incluyen los huesos supranumerarios, puede llegar a tener entre 279 y 282 huesos), es particularmente flexible y ligero, lo que le convierte en un atleta particularmente dotado. Los gatos caminan sobre sus dedos, alargando sus miembros. La clavícula (hueso situado entre las patas delanteras) dispone de un pequeño cartílago que les permite estirar fácilmente las patas delanteras.
Se trata de un esqueleto muy flexible, con articulaciones dotadas de una capacidad de rotación muy elevada. Esta capacidad de rotación le permite girar las patas casi por completo, con un mínimo riesgo de fractura o luxación. La cola, por el mismo motivo, adopta prácticamente cualquier posición.
Como en el resto de félidos, las uñas son retráctiles: desde los tres meses de edad puede retraerlas voluntariamente hacia el interior de una bolsa de piel situada por debajo de las almohadillas plantares. Las garras, formadas por queratina, están unidas al último hueso de cada dedo y crecen y se regeneran de forma contínua. El gato las utiliza de forma natural en numerosas ocasiones, especialmente para trepar, defenderse, atacar o cazar,y también para marcar visual y olfativamente su territorio gracias a la liberación de feromonas procedentes de glándulas específicas situadas en las almohadillas plantares.
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