martes, 19 de abril de 2016

19 de abril. Cruzada libertadora 1825

El “Desembarco de los Treinta y Tres Orientales” el 19 de abril de 1825,  o como también se la denomina “Cruzada Libertadora”, ha sido considerado por distintos historiadores como uno  de los acontecimientos más importantes de nuestra historia. Se lo ha valorado como el hecho que dio inicio al levantamiento oriental contra los ocupantes  que desde 1820 dominaban el territorio de la actual República Oriental del Uruguay.  El término “Cruzada Libertadora”  fue  utilizado muchos años después, en 1863, a raíz del levantamiento del general Venancio Flores contra el presidente constitucional Bernardo P. Berro por lo que algunos investigadores no usan ese término para referirse a este suceso.

Como se mencionó, desde 1820 los portugueses primero y desde 1823 los brasileños después, tuvieron el control del territorio oriental. El gobernador brasileño era Carlos Federico Lecor. Los ocupantes practicaron una política económica que perjudicaba a la mayoría de los orientales con arreadas de ganado hacia Brasil y reparto de suertes de estancia entre los jefes del ejército. Por otra parte  muchos caudillos orientales, por distintos motivos, colaboraban con los brasileños. En 1823 los orientales emprendieron un movimiento revolucionario, que sin apoyo en la campaña, fue derrotado. Por esta razón,  los jefes del mismo debieron emigrar hacia Buenos Aires. Desde allí comenzaron a organizar una expedición que les permitiera volver al territorio oriental y liderar un nuevo levantamiento. A este respecto el historiador Alfredo Castellanos cita las memorias de uno de los participantes, Luis Ceferino de la Torre, el que sostiene,  “Se hallaban emigrados en Buenos Aires muchos patriotas orientales que habían tomado parte activa en los sucesos del año 1823 en Montevideo con la esperanza de dar libertad a la Provincia dominada por los portugueses desde 1817 que la invadieron”
“La batalla de Ayacucho ganada por los patriotas en diciembre de 1824 –que decidió los destinos de América Latina -, inflamó el patriotismo de estos emigrados que reunidos en la casa de comercio que regenteaba don Luis Ceferino de la Torre firmaron espontáneamente un compromiso jurando sacrificar sus vidas en la libertad de su patria dominada por el Imperio del Brasil.”
“Siete fueron los patriotas iniciadores y que contrajeron ese heroico compromiso: Dn. Juan Antonio Lavalleja; su hermano, Dn. Manuel, Dn. Manuel Oribe, Dn. Luis Ceferino de la Torre, Dn. Pablo Zufriategui, Dn Simón del Pino, y Dn. Manuel Meléndez, nombrando enseguida unánimemente a Dn. Juan Antonio Lavalleja jefe de la empresa”. (1)

Para darles sustento a los emigrados así como para organizar reuniones, se utilizaron diferentes saladeros como el arrendado por Lavalleja en Buenos Aires y el de Trápani en la Ensenada de Barragán. Otro local de reunión fue el comercio de C. de la Torre. Asimismo se constituyó una comisión encargada de recolectar dinero y pertrechos de guerra. Numerosos estancieros y comerciantes colaboraron, muchos con la intención de asentarse en nuestras tierras. El gobierno de Buenos Aires oficialmente adoptó una posición de neutralidad aunque en la práctica toleró y cooperó con los preparativos revolucionarios.
Luego de culminados los preparativos, un primer grupo de  expedicionarios, según Juan Spikerman, se embarcaron en las costas de San Isidro el 1 de abril de 1825, comandados por  Manuel Oribe. Este grupo desembarcó y acampó en una isla formada por un ramal del río Paraná, llamada “Brazo Largo”.
El segundo grupo, comandado por  Juan A. Lavalleja, partió después y fue demorado por un fuerte temporal, por lo que los dos contingentes se reunieron el 15 de abril. Desde Brazo Largo navegaron por el río Uruguay en la noche del 18, luego de sortear las naves de patrulla brasileñas.
Al amanecer del 19 de abril desembarcaron, según la tradición, en la playa de La Agraciada, en el actual departamento de Soriano.
Luego de desembarcar, Lavalleja con el resto del grupo, pronunció el célebre juramento de liberar la Patria o morir en el intento, enarbolando la bandera tricolor, con la leyenda central de “Libertad o Muerte”.

Previamente, distintos emisarios habían realizado contactos en la costa para obtener caballos y apoyo. Si bien  en un primer momento a causa de la vigilancia brasileña, los expedicionarios carecieron de caballos luego fueron auxiliados por distintos patriotas.
Con este acontecimiento se dio inicio al levantamiento que finalmente concluiría con la creación del Estado Oriental.
Uno de los puntos más polémicos entre los historiadores ha sido el número de expedicionarios, ya que existen varias listas. Actualmente, se sostiene que el número de personas fue variando durante  del transcurso de la expedición y que formaron parte de la misma paraguayos, argentinos, afrodescendientes y otros sin filiación conocida.

(1)   Castellanos, R,, “La cisplatina, la independencia y la república caudillesca”, Editorial Banda Oriental y La República, 1998.

domingo, 10 de abril de 2016

La yerra. Nuestra pintura cumple 30 años

En el año 1986 un grupo de alumnos de la Escuela 11 de Melo realizó una pintura mural sobre la yerra. La misma fue premiada por pinturas INCA.
Vea lo que es una yerra contada por el Dr. Boutón y la pintura de 1,30 por 1 metro expuesta en el MEC y en La Intendencia de Montevideo.


La Yerra antigua
Roberto J. Boutón - "La vida rural en el Uruguay" (1961)

“Se da este nombre a la operación de marcar ganado. Es en otoño que generalmente se lleva a cabo y al mismo tiempo se hace la capación (castración), pero también se hace en primavera, tratando siempre de que coincida con la menguante de la luna, que, según creencia, los animales sangran menos; quizás también porque el tiempo se mantiene más uniforme.

Se hace la yerra de dos maneras: a campo y en el corral o manguera.

En las yerras a campo (hoy casi ni se hacen), procedíase a la marcación y capación en la orilla del rodeo, donde en lugar aparente se hacía el fuego para calentar las marcas, de las que estaban encargados dos o tres hombres, así como también de capar, pues todo otro trabajo, enlazar, pialar, etc., lo hacían los hombres a caballo, los cuales tenían, dado la clase de trabajo, que cambiar o mudar caballo continuamente. Además, se precisaba mucho personal para contener (atajar el rodeo) a los animales para que no siguieran a los ya yerriados (marcados), que se soltaban al campo.

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Las yerras en manguera facilitaban el trabajo. Una vez el rodeo parado, se arrea el ganado a la manguera donde se encierra. A veces hay conveniencia de apartar los animales que se van a yerriar y llevarlos solos a la manguera, la que se ha preparado, arreglándole la puerta, con palos a los costados para que al rozar, los lazos o sobeos no se estraguen.

Una gran fogata, estratégicamente hecha a un costado de la manguera, lejos de la puerta, mantiene los fierros de las marcas suficientemente calientes para hacer el servicio pronto y el encargado  o encargados, están sobre aviso a grito de: “¡Marca!” o “¡Fierro!”;  también se solía gritar, y contestar “¡Va marca!” y corriendo llegar donde está el animal en el suelo, sujeto por lazos y brazos; para asegurarlo mejor, uno de ellos le ha pasado la cola por entre medio de las patas y tira apoyando un pie en la parte de atrás del jamón del animal. Así que llega el hombre con la marca, la planta con mano firme, pero sin hacer exceso de presión, pues correría el riesgo de que la marca se corriera, dejando la estampa borrosa, pues el animal al sentirse quemado, lanza bramidos de dolor y de rabia, moviéndose como puede.

Se sueltan los lazos; el animal en libertad, dispara para el campo, cuando no da vuelta la cabeza, la sacude y corre tras el jinete o de un hombre que está a pie (el más cercano) para embestirlo, balando al mismo tiempo, enfurecido; y embiste tan ciegamente, que he visto a un gaucho, obligado por defender el pellejo, echarle su poncho sobre las guampas, para taparle la cara.

A así se seguía; según la cantidad de ganado, duraban las yerras, hasta muchos días.

Al lado del fogón, está siempre la pava con agua caliente para el clásico mate y hasta un churrasco, que se hace solo o lo hacen todos, y, entre las cenizas, tirados al azar, los huevos de toro (criadillas), que de tiempo en tiempo, algún paisano pincha con la punta del cuchillo, lo pela cual una naranja y saborea el riquísimo bocado.

Cerca del fogón, hay un buen pedazo de grasa en rama, para pasar la marca, antes de ir nuevamente al fuego para calentarla. Algunos exigen una tina con agua, pues dicen que el fierro de la marca dura más y se limpia mejor.

En la yerra no hay más salario que el asado, el mate y la caña con que se obsequia a los que trabajan. La caña no puede faltar. ¿Cómo se premia un buen pial?; con el voto de todos: “¡Vale un trago!”

En las yerras en manguera, casi todo el trabajo lo hacen los hombres a pie; sólo dos, que son los enlazadores, encargados de sacar el animal a marcar, lo hacen de a caballo. Previamente se reparte el trabajo: uno es el capataz y por lo general es el encargado de castrar, a menos que se le ceda el puesto a alguno de reconocida buena mano; otro para poner la marca; otro para señalar (se aprovecha la ocasión para hacer todos los trabajos a mismo tiempo); los demás, con lazos armados, esperan la salida del animal, escalonados en la puerta de la manguera para pialarlo.

Algunos acostumbran poner frente a la puerta de la manguera, a una distancia de unos 30 metros, un palo plantado firme, cuya extremidad libre en forma de horqueta, es para que el enlazador pase el sobeo por encima y, de esa manera, pueda llevar al animal contra la horqueta y facilitar los piales.

Siempre en caso de marcarse con horqueta, emplean sobeos los enlazadores, para no echar a perder los lazos con el roce del palo de la horqueta.

Es la yerra la fiesta campera por excelencia en la cual toman parte todos los peones del establecimiento, los vecinos y hasta los amigos que aun viviendo lejos no desperdician el convite.

Ya desde la antevíspera y la víspera sobre todo, es un llegar a la estancia de paisanos bien montados; sólo los vecinos de muy cerca llegan el día del trabajo.

Todos llevan sus mejores caballos y  todos su lazo, acomodado con cierta presunción, sobre el anca del caballo, dejando caer dos o tres rollos, sobre las patas del animal. Es en la yerra que nuestros criollos echan el resto, en coraje, habilidad y fuerza; unos a otros se estimulan en el trabajo con sus proezas, tan propias de ellos, que, desafiando los peligros, parece que encontraran placer en arriesgarse; todos quieren sobresalir.

Siendo, como es, la fiesta de las fiestas, en el campo, era costumbre antiguamente que el día de la terminación de la yerra, se festejara con una gran comilona.

Hoy… ¡Hay bretes!...y el trabajo se hace fácil y sin darle mayor importancia.”

domingo, 24 de enero de 2016

La fuente de los sapos

En mi pueblo hay una flor sobreviviente
De otros tiempos con perfumes de naranjos,
Cuatro sapos son guardianes de una fuente
Que era espejo y carrusel de enamorados.

Y eran rondas en colores, de mujeres
Que en la vuelta los varones cortejaban,
Y la tarde se embriagaba en valses lentos          bis
Que la banda engalanada, les tocaba.                 bis

Ven conmigo, niña de los ojos negros
A mirarnos en “la fuente de los sapos”,
Donde duermen las luciérnagas del tiempo
Y florecen nuevamente los naranjos.
Manantial de enamorado, cofre abierto
Con encantos de mi Melo centenario.

Ojos niños extasiados en el agua
Que los sapos levantaban en vertientes,
Y al quebrarse con astillas de arco iris
Caían lluvias de ilusiones inocentes.

Si a este Melo que el poeta le cantaba
Si en lo simple había alegría de la gente,
Ven conmigo que se muere abandonada          bis
Con un mundo de belleza, nuestra fuente.           bis

Letra y música : Rubén Ferrari  (Rubén Alberto Ferrari Bianchi) (AGADU)

Grabado por Amalia de la Vega con acompañamiento de guitarras.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El Carrero. Juan José Morosoli

Cuando yo era un niño, Don Domingo venía al mercado con su carreta llena de sandías.
Nosotros íbamos a los almacenes a comprarle algunos objetos que no se hallaban en las pulperías de su pago. A veces le leía algunos diarios. El no sabía leer y me escuchaba asombrado.
Por aquellas lecturas se daba cuenta que el mundo era muy grande. Yo iba también a casa del zapatero, a pedirle revistas. Eran éstas de pocas hojas y muy grandes. Traían algunas figuras de colores vivos, con ejércitos y generales, pues aquellos eran tiempos de guerra.
Cuando empedraron las calles, ya no dejaron llegar más carretas hasta el mercado.
Entonces Don Domingo se quedaba en los suburbios y sólo vendía sus sandías a los revendedores, que después pregonaban por el pueblo.
Don Domingo me contaba cosas del campo.
Era un hombre que sentía mucho cariño por los niños.
Tenía un hijo, pero se fue a la guerra y lo mataron.
Entonces le cambió el nombre a la carreta, que se llamaba “La Compañera”, y le puso “Pronto Voy”.
Como el viaje era muy largo y él estaba muy viejo y su mujer también, comenzó a viajar con ella.
Entonces la carreta era un hogar.
Un día no vino más, ni la carreta ni Don Domingo.
Y yo ya dejé de ver carretas y carreros.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Almorzando con el Presidente

El presidente José Mujica almorzó este martes con cientos de niños de distintos hogares del INAU de todo el país y ancianos provenientes de hogares del BPS, el Hospital Viladerbó y el Hogar Piñeyro del Campo.

En una breve intervención, el mandatario dijo que la comida, que se desarrolla en la víspera de la Navidad desde 2010 en la residencia de Suárez, "pretende ser una muestra republicana para recordarnos entre todos que cualquiera sean las circunstancias nadie es más que nadie, y que en definitiva pertenecemos a una nación en curso".

Mujica pretende que esta iniciativa se mantenga en el tiempo "con su gestualidad y su sencillez". "Un presidente no es otra cosa que un viejo como cualquiera", dijo, "que lo elegimos para que administre algunas cosas, y después lo cambiamos y viene otro, y todo cambia, pero lo único que queda siempre es el pueblo, que se va renovando de generación en generación. Tengan un año lo más feliz posible, y arranquen con esperanza, porque si nos quitan la esperanza, la vida no tiene sentido".

Del almuerzo, en el que se asaron 35 corderos procedentes de la estancia de Anchorena, participaron, además de Mujica, la senadora Lucía Topolansky, el secretario de la Presidencia Homero Guerrero, el prosecretario de la Presidencia Diego Cánepa, el ministro de Industria Roberto Kreimerman y otros funcionarios del gobierno.

Montevideo Portal

lunes, 24 de noviembre de 2014

Presidente Mujica visitó su escuela

Presidente Mujica visitò la escuela de la que fue alumno.: “La única lucha que se pierde es la que se olvida”
“La única lucha que se pierde es la que se olvida” escribió el Presidente José Mujica en uno de los pizarrones de la escuela 150 Catalunya, ubicada en Paso de la Arena, a pedido de los alumnos de la institución. El mandatario, que concurrió a ese centro educativo entre 1941 y 1946, dijo que la túnica y la moña son un símbolo de sociabilidad e igualdad en un contexto global de diferenciación cada vez más generalizado.
El Consejo de Educación Inicial y Primaria, en su programa de Escuela Abierta por Televisión, presentó el lunes 17 la visita guiada realizada por dos alumnos al Presidente Mujica por las instalaciones de la escuela 150 Catalunya.

A la entrada del centro, los niños le mostraron una cartelera donde se visualizaban dos frases dichas por el mandatario: “El poder no cambia a las personas, solo revela quienes verdaderamente somos” y “Lo inevitable no se lloriquea. Lo inevitable hay que enfrentarlo”, junto a una foto del mandatario y una bandera de Uruguay.

El Presidente explicó que había nacido cerca de la escuela, pero que hoy la casa no existe. Les contó a los alumnos que, cuando concurría a la escuela, cada aula tenía más cantidad de estudiantes, entre 60 y 70, y que había muy pocos maestros. También recordó que en esa época la gente era más pobre y que usualmente andaban con zapatillas rancheras y las túnicas eran remendadas constantemente por las madres.

En la foja 11 del libro general escolar de 1941 estaban los datos personales de Mujica, quien recordó que su madre planchaba su túnica y su moña.

Mujica dijo que la túnica blanca y la moña azul son un símbolo de sociabilidad y una tentativa de escribir pureza, "que se va esfumando en el tiempo, con la pretensión de cultivar y sentir la igualdad propia de las sociedades primitivas nuestras, que cada vez se va borrando más, porque hoy estamos en un tiempo de diferenciación cada vez más acentuada".

Actualmente asisten a la escuela Catalunya tiene 513 alumnos, quienes además de las actividades curriculares tienen clases de inglés y catalán.

lunes, 13 de octubre de 2014

La conmovedora historia de Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014

Por: Daniela Blanco dablanco@infobae.com
Adquirió renombre por defender el derecho a la educación de las mujeres en Pakistán y sufrir un feroz ataque en manos de un grupo talibán que la tuvo al borde de la muerte. Hoy vive en Inglaterra y asoma como una de las líderes políticas del futuro

Con motivo de haber sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2014, otorgado por el Comité Nobel del Parlamento noruego, Infobae reproduce la reseña de la autobiografía de Malala Yousafzai, Yo soy Malala (I am Malala), publicada originalmente el 22 de noviembre de 2013.

La historia de Malala con sólo 15 años, en pleno Valle de Swat, al noroeste de Pakistán, es una de las tantas tragedias que sintetizan las profundas contradicciones que exhibe el mundo de hoy.

Para poder ir a la escuela, la niña paquistaní desafió a una de las milicias más crueles y violentas del mundo, que entre otras barbaries prohíbe la asistencia de las mujeres a clases. Hoy, con 16 años a cuestas, lanza su biografía y se instala como una de las líderes sociopolíticas jóvenes más inspiradoras e influyentes del mundo.

Un criminal ataque de bala en manos de un grupo talibán sorprendió a Malala cuando una mañana se dirigía a su escuela a estudiar; en contra de lo que exige el régimen extremista que prohíbe asistir a la escuela a las mujeres. El hecho generó en Pakistán y en el mundo entero el más feroz efecto boomerang: en vez de víctima Malala se convirtió en una heroína, en un símbolo. El destino quiso que esta niña en vez de vivir una vida como las de su edad, se haya transformado en una verdadera promesa política de futuro para su propia tierra.

El atentado talibán que intentó convertir a Malala en mártir; consiguió convertirla en un símbolo". Y todo comenzó por querer asistir a la escuela.

Hoy, a los 16 años, además de disertar en los foros internacionales más importantes del mundo, escribió junto a su padre, su gran mentor, Ziauddin Yousafzai, su biografía Yo soy Malala (I am Malala). El libro publicado por una editorial británica apunta a los 61 millones de niños que no pueden estudiar en el mundo entero.

Según la publicación digital norteamericana The Daily Beast, en la provincia de Malala en Pakistán, de los 700 mil niños que no reciben educación, 600 mil son niñas, a quienes se les seguirá negando el derecho a la educación mientras no se les proporcionen los recursos y la seguridad para asistir a clase.

Está claro que para la cultura talibán el lugar de la mujer se reduce a vivir casi ocultas dentro de las casas, a no poder salir solas a la calle, a transitar toda su vida con atuendos que las tapen casi por completo: rostro y cuerpo y a partir de los 18 años, entre otras cosas, a procrear.

Entre la gloria y la muerte
El libro de Malala fue escrito en colaboración con la reconocida periodista inglesa Christina Lamb y también se ocupa de las desventuras de un pequeño país como Pakistán, que nació hace 66 años después de una sangrienta escisión religiosa de la India británica.

El libro abunda en la vida de Malala y en cómo llegó a convertirse en una de las mujeres más influyentes de este siglo a pesar de su juventud y de su propia tragedia.

La "estatura internacional" que logró Malala con sus ideas sobrepasó ampliamente su 1,50 metro de estatura real. Parecía un gigante en su último discurso que dio en la ONU hace pocos meses desde la misma tribuna que fue ocupada por los grandes líderes del mundo.

Por las redes la acusan de denigrar la historia del pueblo paquistaní y de recibir a cambio una vida de lujos en Europa. Actualmente la familia Yousafzai vive en la ciudad de Birmingham, Inglaterra, donde concurre Malala a la escuela.

Hasta allí llegó en realidad más por prescripción médica que por otra cosa. Fue sometida a varias cirugías de reconstrucción del cráneo para poder recuperarse del brutal ataque talibán.

Su madre no habla inglés, como sí lo hace ella y su padre. Ella misma dice extrañar mucho Pakistán y lamenta no haberse hecho muchas amigas. Aún le cuesta creer que en Inglaterra las mujeres se visten como quieren y pueden tener empleos como policías o guardias de seguridad.

Sin embargo, la contradicción se agiganta: mientras Occidente la aplaude y cobija cada vez más, en su país la silencian y el régimen talibán la amenaza sistemáticamente de muerte a Malala y su familia. La semana pasada el régimen anunció que aún no desestimó asesinar a Malala.

En una declaración que estremece, uno de los voceros del grupo talibán declaró a la cadena de noticias CNN la semana pasada que "si tenemos una nueva oportunidad definitivamente la mataremos y nos sentiremos orgullosos de eso".

Malala, dos días después declaró a la misma cadena que cambió de idea: ahora no quiere ser más médica sino política. Y sueña ser electa algún día primera ministra de Pakistán, "así puedo invertir más dinero en educación".

El valle de la muerte

Cuando uno repasa la historia de Malala, no se puede creer que una sola niña haya transformado tanto las cosas en su país. Pero así fue. Y bien le vale el apodo de heroína. Se lo merece, por su valentía y convicciones.
En el valle de Swat, al noroeste de Paquistán donde la joven Malala nació hace 16 años, el nacimiento de los varones es celebrado y el de las niñas ocurre detrás de una cortina: en tiempos de cultura talibán el destino de las mujeres es la cocina y prepararse para tener hijos, preferentemente antes de los 18 años. Para la cultura occidental resulta imposible de creer pero ocurre en el mismo siglo XXI cuando el hombre explora cómo vivir y viajar en el espacio.

Malala Yousafzai comenzó a tener notoriedad cuando a los 13 años explicaba su vida bajo el régimen talibán en un blog para la BBC bajo un seudónimo. Luego, en 2009, participó, junto a su padre, en un documental ("Pérdida de clases, la muerte de la educación de la mujer"), que mostraba las dificultades que enfrentaban las mujeres para educarse en esas zonas.

En octubre de 2012 fue víctima del atentado talibán que casi le cuesta la vida. Malala estuvo internada en el Hospital Reina Isabel de Birmingham, en Inglaterra, hasta el 4 de enero de 2013, cuando le dieron de alta, luego de numerosas cirugías de cráneo y de recibir una placa de titanio en el cerebro y un dispositivo auditivo.

En su nombre tal vez ya se encerraba parte de su destino, Malala quiere decir "embargada o tomada por la tristeza". Es la hija mayor de la familia Yousafzai.

Malala sobrevivió y su caso tuvo repercusión internacional en todos los foros y los medios del mundo, a favor de su recuperación. No sólo logró cambiar con su caso el curso de la historia, sino que también se convirtió en la portavoz mundial de los derechos de las mujeres y el acceso a la educación de las niñas de la zona de Pakistán y Afganistán.

Su infancia
La infancia de Malala apuntaba a ser una más entre la de tantas niñas en Pakistán a las que les roban la posibilidad de encontrar un mundo mejor a través del acceso a la educación. La dictadura salvaje talibán conduce el destino de su familia desde sus 10 años cuando el régimen ocupó su territorio. Salvo porque su padre Ziauddin, profesor de escuela, encontró en ella a su mejor alumna.

Así la impulsó a tomar hábitos diferentes al resto de las mujeres que no pueden participar de los debates, ni de discusiones sobre historia, política y economía. Su padre estimuló a Malala a interesarse por la física y la literatura. Lentamente empezó a tomar conciencia y a indignarse con las injusticias que impartía a los habitantes de Pakistán el grupo talibán. Por orden de la milicia fundamentalista, las escuelas femeninas fueron cerradas y las mujeres que caminaban solas por la calle eran asesinadas en las calles. La escuela en la que Malala estudiaba y de la que su padre era el dueño debió ser cerrada.

En enero de 2010 fue el último día de clases en la escuela de su padre. Ese mismo día se filmó un documental del diario The New York Times donde Malala declaraba que quería ser médica y que para eso debía seguir estudiando.

En mayo de 2010 corría el rumor de revueltas para expulsar al régimen talibán y más que nunca patrullaban amenazantes las calles. Malala ya era conocida por defender en foros internacionales vía internet, y sobre todo en los medios de comunicación, su posición pro derecho a estudiar de las mujeres, y comenzó a recibir amenazas de muerte. Cuando éstas se volvieron insoportables, su padre decidió que ella tenía que tomarse un tiempo para resguardarse y callar.

Malala se indignó aún más: y le dijo a su propio padre que fue él quien le enseñó a soñar y luchar por una vida mejor. Y porque así nuestra voz se va a multiplicar, aunque la muerte llegue.

La respuesta del régimen talibán a sus tribulaciones no se hizo esperar y allí ocurrieron los tres disparos contra su cabeza cuando Malala estaba adentro del micro que la llevaba a la escuela.

Más premios
Este año 2013 Malala fue nominada a recibir el premio Nobel de la Paz -la más joven hasta ahora nominada- y figura entre las 100 personas más influyentes, según la revista Time.

La joven paquistaní también recibió el Premio Nacional de la Paz en 2011, el Premio Simone de Beauvoir, en 2013, y recientemente el Premio Sájarov, ese mismo año, por su lucha por la educación de las mujeres en ese país.

Tanto Malala como su padre viven amenazados de muerte por el régimen Talibán. Ella dice que nunca pensó que los talibanes fueran capaces de agredir a una niña. "Me preocupaba más mi padre. Pero llegué a preguntarme ¿qué harías, Malala, si llegara un talibán? Lo golpearía con un zapato, pensé", comentó la joven.

"Pero luego me dije, 'si te encuentras con un talibán con el zapato en mano entonces no habrá ninguna diferencia entre tú y el talibán', agregó Malala.
Daniela Blanco